miércoles, 12 de octubre de 2011

Parajes

Llevaba ya demasiado tiempo perdido en aquel paraje, y estaba a punto de perder la esperanza de salir de aquella pesadilla que ni siquiera sabía cómo había empezado. Ya casi no le quedaban provisiones, y hacía muchos kilómetros atrás que no encontraba agua.
Esa noche, desde su refugio, observaba el cielo africano. La Luna se dejaba ver antes de lo normal, a penas había oscurecido todavía. Parecía burlarse cruelmente de él, como si supiera que no iba a sobrevivir.

       -Luna, tú sabes cómo puedo salir de aquí, ¿verdad? Sé que sí, lo sabes, pero no me lo quieres decir. Eres tan hermosa como malvada. Ojalá pudiera odiarte, pero eres lo único que tengo aquí, mi única compañía. Si salgo de ésta prometo no volver a hablarte, porque disfrutas con mi sufrimiento. Sí, eso haré, cuando termine esta odisea y recupere mi vida me vengaré de ti. Pero ahora mismo, por favor, dime algo, háblame... ¿Nada? Pues tú lo has querido, ¡no volveré a hablarte!

Pero no cumplió su promesa. Es más, cuando al fin recuperó su vida, siguió hablando con ella cada noche. No estaba seguro de si aquella  desafortunada vivencia le había robado parte de la cordura, pero incluso a veces añoraba sus ratos de soledad allí, con la gran dama cruel observándole. La gran dama que amaba en secreto.

Acuarelas. Texto de Cris L. Vargas

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