martes, 7 de febrero de 2012

No hay Luna sin Sol



 Siempre que el tiempo lo permitía, el pequeño de los Howard se sentaba en el porche a observar la Luna. Permanecía durante horas ahí sentado, suspirando, con el rostro melancólico.
Una noche su madre le preguntó qué le pasaba.

-¿Por qué la Luna y el Sol nunca están juntos, mamá?- respondió él.

- Porque ambos siguen su ritmo, no pueden coincidir puesto que cada uno está a un lado del planeta.

-¿Es que acaso están enfadados?

- No, hijo, no lo están. Pero tiene que ser así, cada uno en su lado de la Tierra.
 La explicación de su madre no lo consoló, y esa noche tuvo un sueño de lo más interesante. En él cogía su bicicleta y pedaleaba muy, muy lejos, a un lugar que no conocía, una pradera sin árboles. Allí había una especie de pozo, y junto a él un cartel:
"Si miras hacia abajo a la hora adecuada podrás tener a los dos reyes del cielo observándote a la vez".
Aquello le pareció extraordinariamente intrigante, y se asomó por el gran agujero de piedra. Con gran asombro descubrió que debía ser la hora exacta de la que hablaba el cartel, pues podía ver la Luna perfectamente, mientras tenía el Sol encima de él.

Cuando despertó no recordaba más del sueño, pero no le hacía falta. Comprendió que sin Sol no habría Luna, y que cada momento del día era especial pues ambos se complementaban.



Técnica mixta. Texto de Cris L. Vargas.

2 comentarios:

  1. En esta ocasión, tu arte al servicio de una historia muy bonita. ¡Me ha encantado, Cris! Sobre todo la cara del pequeño, muy simpática y que transmite mucho todo lo que se le puede pasar por la cabeza.

    Ya estoy deseando que vuelva a ser luna llena ;)

    ResponderEliminar
  2. Ya mismo vuelve a estar llena (un mes se pasa en ná).
    ;)

    ResponderEliminar