lunes, 7 de mayo de 2012

Kitsune


Aquel no había sido un buen día; un chico del colegio la estuvo molestando como de costumbre, la profesora no valoró el trabajo que tan duramente había preparado la semana anterior y, para colmo, había perdido en su juego favorito durante el recreo. Cuando sonó el timbre del colegio, Alicia estaba tan enfadada que ni se despidió de sus amigos, se fue directamente a casa dando pasos largos y contundentes.
Cuado llegó a casa su madre la recibió con la alegría de siempre y la intentó abrazar, pero la niña la rechazó y le dijo que no tenía hambre, que no almorzaría. Conocía bien a su hija, y su mandíbula apretada y su ceño fruncido sólo podía significar que estaba realmente enojada. Comprendía que sólo era una niña, y lo que posiblemente para ella fuera una tontería, para su hija sería todo un mundo.
Subió a su habitación y la animó a saludar a Kitsune, un zorrito salvaje que solía aparecer por la casa desde el verano pasado, y que había hecho muy buenas migas con Alicia. Él estaba fuera, en el jardín, esperándola, pero ésta se negó a moverse de su cuarto, sólo quería estar enfadada y gritó a su madre para que la dejara a solas. Incluso se asomó a la ventana para espantar al animal, y éste corrió despavorido y confuso.
Esa noche tuvo una pesadilla: Ella estaba en la puerta de su casa, era de noche y había Luna llena.Kitsune vino a saludarla como de costumbre, pero ella le gritó y lo echó de allí. Después de aquello sólo se veía a ella misma corriendo como loca por el bosque buscando al zorrito, pero no lo encontraba, y temía que le había pasado lo peor.
Se despertó llorando y miró por la ventana. Había Luna llena. El corazón le dio un vuelco y se apresuró a salir de la casa. Nada más salir se topó con el zorrito, que estaba allí sentado como esperándola.
Lo abrazó con todo su cariño y comprendió que él la había perdonado, no le importaba que le hubiese gritado, sabía que lo quería a pesar de sus malos humos. Estuvieron un rato jugando en el jardín, hasta que el cansacio los venció y se despidieron hasta el día siguiente.
Alicia entró en la habitación de su madre y le dijo en voz muy bajita que sentía haberse comportado así, le dio un beso en la frente y se acurrucó a su lado. Su madre la abrazó con fuerza, y la niña se prometió no volver a enfadarse tanto, pues, si eso hacía daño a sus seres queridos, no merecía la pena.

Lápiz grafito. Color digital. Texto de Cris L. Vargas.

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