martes, 9 de julio de 2013

Abhramani y el petirrojo

El pequeño Abhramani iba siempre corriendo de un lado para otro con un bonito petirrojo al hombro. Eran amigos desde que él tenía uso de razón, aunque no recordaba muy bien cómo habían llegado a ser inseparables.
Siempre iban juntos en busca de aventuras, sin descanso, durante todo el día, hasta que la mamá del niño los llamaba para cenar. Siempre corrían de un lado para otro, excepto cuando el Sol se ponía, en ese momento dejaban de correr y se sentaban a contemplar el ocaso desde el monte más alto de la ciudad. Era su momento especial del día, en el que todo lo vivido en esa jornada quedaba dentro de él, como un regalo.

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